Creo que empecé demasiado pronto a reflexionar sobre la vida en vez de vivirla, y comencé demasiado tarde a tener plena conciencia de que la vida en sí misma es una acción, por lo tanto no había más que reflexionar…...

El año del conejo

22 de octubre de 2011

MITOS DE LA VACUNACIÓN


Compartimos con ustedes mitos de la vacunación. Texto tomado de la página http://www.librevacunacion.com.ar/ , la cual es llevada por un grupo de profesionales de la salud en la que no solo encontrarán información importantísima sobre todo la referido a la salud, en lo que a vacunas se refiere, sino también a la contemplación y respaldo constitucional y legal (en Argentina) para una asistencia médica con consentimiento informado.


Mito 1
“Las vacunas son la razón principal de la baja
en los índices de las enfermedades infecciosas”
De acuerdo a la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia las enfermedades infantiles decrecieron 90% entre 1850 y 1940, paralelamente a las mejores condiciones sanitarias, mucho antes de los programas de vacunación obligatoria. Las muertes por enfermedades infantiles en EE.UU. e Inglaterra declinaron 80% antes de la vacunación.
En Gran Bretaña el pico epidémico de polio fue en 1950 y había declinado 82% al momento en el cual la vacuna se introdujo en 1956. Otras enfermedades como la escarlatina o varicela se han transformado en enfermedades leves comparada con las características que tenían en sus comienzos. Para esta última recién en los últimos años se ha comenzando a vacunar.
La Organización Mundial de la Salud reporta que las cifras de enfermedad y mortalidad en países del tercer mundo no tienen correlación directa con los procedimientos inmunizantes.
Todos sabemos por experiencia familiar y profesional que quienes padecen de paperas generalmente habían sido inmunizados para la misma con la vacuna triple viral, pero lo habitual es que estos casos no sean denunciados. En Nueva York solamente el 3,2% de los pediatras reportan los casos de sarampión al departamento de salud.
Es importante señalar que se comprobó que en la gran mayoría de los países donde se comienza a inmunizar con antipolio (vacuna Sabin o Salk) o antidiftérica, aumentan significativamente los casos de estas enfermedades, que se pretendían prevenir.
En síntesis, nada permite afirmar que las vacunaciones han hecho desaparecer o retroceder las epidemias: todo lleva a pensar que la evolución de éstas nada tiene que ver con las vacunas.


Mito 2
“Las vacunas son muy efectivas”
La literatura médica tiene un sorprendente número de estudios que documentan el fracaso de las vacunas. Brotes de sarampión, paperas, varicela, polio, coqueluche y por haemophilus influenza, han ocurrido en poblaciones vacunadas. En 1989 el Centro de Control de Enfermedades (CDC norteamericano) informa: “Entre niños en edad escolar han ocurrido brotes de sarampión con niveles de vacunación mayores al 98% y hasta con 100%. Esto ha ocurrido en distintas partes del país, incluyendo áreas que no habían reportado sarampión por años”.
Japón experimentó un incremento anual de varicela siguiendo a la introducción de la vacuna. En la República de Omán durante 1989 se produjo un brote diseminado de polio después de seis meses de haberse arribado a una completa vacunación (98%).
En EE.UU. en 1986, 90% de 1.300 casos de tos convulsa (coqueluche) en Kansas estaban adecuadamente vacunados. En Chicago durante 1993 el 72% de los casos de coqueluche estaban al día con su vacunación.
Para la BCG existe un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud en la India, a gran escala, que revela que esta vacuna no es efectiva contra la tuberculosis (Salud Mundial, abril de 1980).
Comparando los casos de tétanos entre la primera y segunda guerra mundiales, se comprueba que la disminución en el porcentaje se debió más al cuidado de las heridas que a la vacunación (Salud e infección, Fernand Delarue, México, 1980).
En síntesis, las evidencias sugieren que las vacunaciones tienen un rol irrelevante en la prevención de las enfermedades infectocontagiosas.

Mito 3
“Las vacunas son seguras”
El Sistema de Reporte de Efectos Adversos de las Vacunas (VAERS de EE.UU.) recibe 11.000 denuncias anuales de reacciones adversas, alrededor de 1% de las cuales equivalen a muertes. La mayoría de las muertes son atribuidas a la vacuna anticoqueluchosa, la P de la vacuna DPT (Difteria-Pertussis-Tétanos). La FDA (Administración de Drogas y Alimentos) estima que solamente alrededor de un 10% de las reacciones adversas son informadas, un guarismo también sostenido por dos investigaciones del NVCI (Centro Nacional de Investigaciones Vacunales). Estos hallazgos sugieren que las muertes por vacunas están por encima de 1.000 cada año.
Estudios internacionales muestran que las vacunas son causa del Síndrome de Muerte Súbita Infantil (SMSI), cuyo pico acontece entre los 2 y 4 meses, precisamente cuando comienza el plan de vacunación. También hay estudios que afirman lo contrario, al señalar que ello es debido a una coincidencia entre el SMSI y la edad de vacunación. Sin embargo en Japón a mitad de la década del 70 se pasó la edad para comenzar a vacunar de los 2 meses a los 2 años, y la incidencia de SMSI cayó dramáticamente.
Actualmente se está vacunando desde la etapa neonatal con BCG y vacuna contra hepatitis B, con el equivalente, para un adulto de 70 kilos, de 10 cm3 de la primera y 5 cm3 de la segunda.
Se considera que uno en 175 niños que completaron las series de DPT sufren severas reacciones, entre las que se encuentran trastornos convulsivos (1 en 300). Es llamativo que en Inglaterra, Gales y Alemania del Oeste tuvieron más casos fatales de tos convulsa en los años 70, cuando la proporción de inmunización fue alta, comparada con la década del 80, cuando la proporción había descendido.
Se considera que el costo por indemnizaciones del programa federal de compensación por efectos adversos vacunales (NIVCP) asciende a 90 millones anuales en los Estados Unidos.
La agencia de Salud y Asistencia Humana de California reveló un incremento del 273% en el diagnóstico de autismo en la pasada década. Para el Instituto de Investigación y Tratamiento del autismo el incremento de las vacunaciones en los niños pequeños es un co-factor contribuyente en el desarrollo de esta enfermedad. Muchos niños sanos antes de ser vacunados y que desarrollaron comportamientos autísticos también mostraron signos de disfunción del sistema inmune. Los estados de Florida, Maryland y New Jersey reportaron similar incremento de esta patología.
Investigaciones efectuadas en 1998 y 1999 mostraron, luego de la administración de la vacuna contra hepatitis B (producida con nuevas técnicas de ingeniería genética), la aparición de procesos artríticos, daño muscular y nervioso, pérdida de visión y de memoria, síndrome de fatiga crónica, polineuropatía desmielinizante y también el fallecimiento de bebés a las horas de recibirla. Con la vacuna contra la gripe o influenza pueden darse casos similares.
Veamos que acontece con la diabetes Tipo I (insulinodependiente). Se la considera una enfermedad cuya susceptibilidad puede ser hereditaria pero donde los factores medio ambientales pueden iniciar su desarrollo, entre ellos, infecciones virales y la presencia de procesos autoinmunes.
Entre las vacunas a las cuales se las vincula al desencadenamiento de esta enfermedad se encuentran la vacuna anticoqueluchosa, la vacuna contra la rubéola, que se administra junto a la de paperas, que también puede ser un factor desencadenante. Estos procesos se desarrollan con un período de latencia entre 2 a 5 años. La vacuna antisarampionosa que es la que completa la llamada MMR no estaría involucrada en este padecimiento. En cuanto a la vacuna para haemophilus influenza B (Hib) se observó en 114.000 niños finlandeses que aquellos que habían recibido 4 dosis tuvieron una alta incidencia de diabetes Tipo 1 comparado con quienes habían recibido una sola dosis. Barthelow Classen informó del incremento de Diabetes insulinodependiente luego de un programa de vacunación contra hepatitis B en Nueva Zelanda, a partir de 1988.
En 1996 investigadores de la Universidad de Tel Aviv admiten que algunas vacunas pueden ser desencadenantes de procesos autoinmunes y que ello ha recibido poca atención en los estudios clínicos y de laboratorio. Tales vacunas son las de influenza (gripe), hepatitis A, hepatitis B, rabia, tétanos, MMR y polio oral. Dentro de estas enfermedades se encuentran la artritis, púrpura, lupus y afectaciones del sistema nervioso como neuritis, desmielinización, miastenia gravis y síndrome de Guillain-Barré.
Ha sido reconocido que la vacuna Sabin ha tenido un contaminante viral del mono, donde solía prepararse la vacuna, denominado SV40 o virus simio 40. Este virus tiene una gran capacidad para producir tumores malignos de distinta naturaleza (cerebrales, óseos, linfáticos).
Un hecho interesante fue lo acontecido con la vacuna BCG, aplicada por Calmette y Guerin en 1928 a la población dinamarquesa de la isla de Bornholm. A los 20 años se notó un descenso de la tuberculosis, en la misma magnitud que en zonas que no recibieron esta vacuna. Pero llamó la atención que en 1952 apareció súbitamente una enfermedad neurológica descripta por el Dr Lépine y denominada por él como “enfermedad de Bornholm” que sólo se presentó en quienes habían recibido la vacuna (“El peligro vacunal”. Florencio Escardó).
Aparte de los elementos biológicos las vacunas contienen una serie de sustancias que pueden tener un efecto tóxico como el Timerasol (compuesto mercurial), hidróxido de aluminio, formaldehído y ácido acetilsalicílico. A los 6 meses de edad un bebé, si cumple con las vacunas recomendadas, recibe una dosis de mercurio que excede los límites aceptados. Recientemente Gran Bretaña retiró una vacuna contra la polio al descubrir que se la cultivaba a partir de suero bovino producido cuando la “enfermedad de la vaca loca” estaba en su punto álgido. Sir Richard Southwood alertó de que el peligro de “infección” era moderadamente alto, en contra de la opinión de las autoridades ( La Nación, 20 de diciembre de 2000).
En síntesis, las vacunaciones son causa significativa de invalidez y muerte.

Mito 4
“Las enfermedades comunes de la infancia
son extremadamente peligrosas”
En el momento actual las enfermedades comunes de la infancia tienen pocas consecuencias, son benignas y autolimitadas. En realidad en países del tercer mundo, las complicaciones dependen del estado nutritivo y sanitario de la población infantil. Por otra parte la naturaleza transitoria de la inmunización por las vacunas, para aquellas que tienen alguna efectividad, hace que las enfermedades se padezcan en edad adulta, lo que conlleva mayor gravedad. En cambio las enfermedades naturales dan una inmunidad sólida.
Se ha observado que quienes no han padecido sarampión tienen mayor incidencia de ciertas enfermedades de piel o degenerativas de cartílago y hueso. Es un hecho observado que luego de las enfermedades agudas comunes, los niños sufran un crecimiento y maduración significativos.
En síntesis, el peligro de las enfermedades infantiles está exagerado para atemorizar a los padres y lograr que vacunen a sus hijos.

Mito 5
“Las vacunas tienen una sólida
base teórica y práctica”
El fundamento de las vacunaciones es su capacidad de estimular la producción de anticuerpos en el receptor. Pero no queda claro si esta producción de anticuerpos constituye una real cobertura inmunológica. Niños con agamma globulinemia, que son incapaces de producir anticuerpos, se recuperan de las enfermedades comunes de la infancia casi tan rapidamente como los otros niños.
Un estudio publicado por el Consejo Médico Británico (BMC) en 1950 reportaba que durante una epidemia de difteria no había habido relación entre el recuento de anticuerpos y la incidencia de la enfermedad. Los investigadores encontraron resistencia en personas con cifras muy bajas de anticuerpos y enfermos con un alto nivel de los mismos.
La inmunización natural es un fenómeno complejo que involucra a varios órganos y sistemas, que no pueden ser replicados en su totalidad por una estimulación artificial. En realidad las vacunas sólo pueden en el mejor de los casos generar una inmunidad específica hacia los elementos que componen la vacuna, haciendo que el receptor sea incapaz de reaccionar a una infección diferente.
Otro de los elementos teóricos de la vacunación señala que la “cobertura poblacional”, en la cual un gran porcentaje de personas han sido vacunadas, asegura la protección. Sin embargo como vimos anteriormente (Mito 2), se han visto epidemias con coberturas de hasta un 100%.
Un funcionario epidemiólogo de Minnesota concluye que la vacuna contra haemophilus (Hib), al igual que lo sostenido en congresos de pediatría, incrementa el riesgo de padecer la enfermedad en contraste con los no vacunados.
Finalmente se asume que todos los vacunados responderán de la misma manera sin tener en cuenta factores raciales, sociales, nutritivas e individuales. Hace unos años se efectuaron campañas de vacunación en la zona norte de Australia lo que incrementó la mortalidad infantil en un 50%, probablemente por el déficit en la población aborigen de vitamina C.
En el New England Journal of Medicine se publicó que un significativo número de niños Rumanos desarrollaron polio secundaria a la vacunación y vinculable a la administración inyectable de antibióticos previa a las mismas. A mayor cantidad de inyecciones mayor es el riesgo.
En síntesis, la mayoría de los supuestos que avalan el uso de las vacunas resultan falsas, ante las evidencias recogidas por los investigadores.

Mito 6
“El control de la polio fue uno de los grandes
sucesos debido a la acción de las vacunas”
En Nueva Inglaterra se reportaron incrementos de polio un año posterior al comienzo de la introducción de la vacuna Salk. Al igual que en Río de Janeiro donde de una cifra histórica de 80 casos de polio se pasó a 700 al comienzo de la vacunación Salk y a 1200 luego de la introducción de la Sabin en 1965. En Massachussets en el año 1959, 77.5% de los casos de parálisis habían recibido 3 dosis de Salk o VIP (Vacuna Inyectable de Polio). Durante 1962 en el Congreso Estadounidense el Dr Bernard Greenberg, jefe del Departamento de Bioestadística de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Carolina del Norte, testificó que no sólo los casos de polio se habían incrementado sustancialmente (50% de 1957 a 1958 y 80% de 1958 a 1959) luego del inicio de la vacunación obligatoria, sino que las cifras habían sido manipuladas por el Servicio de Salud Pública para dar una impresión opuesta. En concordancia con esto la investigadora Viera Scheibner considera que el 90% de los casos de polio fueron eliminados de las estadísticas oficiales luego del comienzo de la vacunación. Miles de casos de meningitis viral o aséptica son diagnosticados en los EE.UU., previamente a la vacunación se los diagnosticaba como polio.
En 1985 la CDC informó que el 87% de casos de polio que se presentaron entre 1973 y 1983 fueron causados por la vacuna, y más adelante declaró que todos, excepto unos pocos, eran causados por la vacuna. Jonas Salk, quien desarrolló la VIP testificó ante una subcomisión del Senado que todos los casos de polio desde 1961 habían sido causados por la vacuna oral. El Dr Samuel Katz de la Universidad de Duke considera que los 8 a 10 casos de polio que se presentan en EE.UU. anualmente son debidos a la vacuna, ya que el virus salvaje no está presente. En los niveles oficiales se dice que este es un”pequeño sacrificio humano por cada año”. La NVIC sugiere que el número de “sacrificados” sería mucho mayor que el denunciada por la CDC.
Se considera que de 34 países con vacunación a virus vivo, en 24 se registró incremento de los casos de polio.
En síntesis, las vacunas contra la polio incrementan los casos, aún después de una declinación estabilizada, siendo la única causa de polio en los EE.UU.

Mito 7
“Si un niño no tuvo reacción inmediata
a la vacunación, no existe riesgo para él”
Existe una documentación confiable sobre los efectos adversos de las vacunas a largo plazo, tales como los trastornos crónicos a nivel inmunológico y neurológico como el autismo, hiperactividad y desórdenes de atención, dislexia, alergias, cáncer y otras condiciones, muchas de las cuales raramente existían antes de los programas masivos de vacunación. Las vacunas incluyen sustancias carcinogenéticas como el timerasol, fosfato de aluminio y formaldehído, el SV40 y los HTLV (virus linfotróficos).
El investigador Harris Coulter, luego de una extensa investigación concluye que la vacunación infantil puede “…causar una encefalitis de grado menor en los infantes en un porcentaje mucho mayor que el admitido por las autoridades sanitarias, en alrededor de 15-20% de los niños”. El puntualiza que esta encefalitis puede generar daño cerebral mínimo y no tan mínimo, autismo, trastornos de aprendizaje, convulsiones, epilepsia, trastornos del sueño y del apetito, desórdenes sexuales, asma, muerte súbita (SMSI), diabetes, obesidad y trastornos del carácter como violencia impulsiva, todos trastornos que aquejan contemporáneamente a la sociedad. Nos recuerda que el “…toxoide del pertussis (coqueluche) es usado para generar encefalitis en animales de laboratorio” (“Vaccination, Social Violence and Criminality” Washington, 1991).
Un estudio realizado en Alemania encontró correlación entre las vacunaciones y 22 condiciones neurológicas, incluyendo déficit de atención y epilepsia. El dilema que se presenta es que los elementos incorporados con las vacunas aparte de estos efectos crónicos conocidos podrían generar otros trastornos desconocidos por el momento. Sobre todo teniendo en cuenta la rápida incorporación de nuevas vacunas que se producen por ingeniería genética.
En síntesis, los efectos a largo plazo de las vacunas han sido virtualmente ignorados, a despecho de la correlación con muchas condiciones crónicas” .

Mito 8
“Las vacunas son legalmente impuestas
y por lo tanto obligatorias”
Es importante saber que no todas las vacunas son obligatorias y por otro lado existen excepciones médicas a la administración de las mismas. Por ejemplo para el caso de niños con trastornos neurológicos o inmunológicos, o para quienes presentaron reacciones adversas a las vacunas. Podrían también presentarse excepciones de tipo religioso o filosófico.
De todas maneras sería recomendable que los cuerpos legislativos, tanto nacionales como provinciales revieran la obligatoriedad de las vacunas, dada la inefectividad y los posibles efectos adversos de las mismas.
En mi criterio, y de acuerdo a las investigaciones relatadas sería mucho más prudente prohibir aquellas que están reconocidas como más riesgosas y recomendar en forma optativa las menos riesgosas.
En síntesis, no todas las vacunas son obligatorias y existen excepciones de tipo médico que pueden contraindicarlas.

Mito 9
“Las vacunas son la única opción preventiva”
En principio es importante tener en cuenta que el germen no es el único elemento a considerar en una enfermedad infectocontagiosa. Es así que se debe tener presente el estado nutritivo, el medio psicoambiental, el tipo de vivienda y su saneamiento, el contacto con insectos o animales como ratas, pájaros, etc. Otros elementos interesantes son los factores “terrestres”, gas argón, campo magnético terrestre, capa de ozono, etc.. Se ha visto por ejemplo, una coincidencia entre las epidemias y pandemias de gripe y las tormentas solares.
Estos factores no sólo pueden favorecer la aparición de una enfermedad infectocontagiosa, sino condicionar su evolución y el desencadenamiento de complicaciones.
Fernand Delarue llega a la conclusión luego del estudio detallado de las epidemias por décadas (Salud e infección) que: “a igual nivel de vida, las enfermedades evolucionan en curvas paralelas tanto en países vacunados como en los que no lo están”. “En ausencia de vacunación, las epidemias retroceden en todos los países donde se eleva el nivel de vida”. “A pesar de las vacunaciones, las epidemias no experimentan regresión en los países donde las condiciones de higiene o el nivel de vida se lo impiden”.
Dentro de la medicina homeopática existen medicamentos que son capaces de prevenir algunas enfermedades infectocontagiosas. Por ejemplo para el cólera se han usado medicamentos para prevenirlo desde la época de Hahnemann hasta nuestros días. En plena epidemia de polio del año 50 ninguno de los que recibió el medicamento preventivo desarrolló la enfermedad. Por otra parte como el tratamiento homeopático en general mejora la resistencia y respuesta inmunológica, es excepcional la posibilidad de complicaciones frente a las enfermedades comunes de la infancia. Otro de los aspectos positivos de esta medicina es la de revertir en algunos enfermos los efectos adversos de las vacunas.
En síntesis, las vacunas no implican ninguna prevención segura. En las enfermedades infectocontagiosas están involucrados otros factores. La medicina homeopática ha demostrado tener remedios preventivos eficaces.

Mito 10
“Los funcionarios de salud pública
ponen a la salud por encima de todo”
Muchos médicos, incluidos funcionarios sanitarios, conocen los datos expuestos, sin embargo hay una actitud negadora de esa realidad.
La médica canadiense Guyslaine Lanctôt, autora del best-seller “Medical Mafia” afirma: “Las autoridades médicas son mentirosas. La vacunación ha sido un desastre para el sistema inmune. Ella causa un gran número de enfermedades. Estamos ahora cambiando nuestro código genético a través de la vacunación…de aquí a 10 años nosotros sabremos que el mayor crimen contra la humanidad fueron las vacunas”.
Viera Scheibner, luego de un exhaustivo estudio de la literatura médica sobre las vacunaciones concluye que: “no hay evidencia sobre la habilidad de las vacunas para prevenir alguna enfermedad. Todo lo contrario, hay una abundancia de evidencias que ellas causan serios efectos colaterales”.
Desgraciadamente se están desarrollando una serie de vacunas con biotecnología transgénica para incorporarlas en distintos alimentos. No hay que tener ningún conocimiento biológico para darse cuenta del riesgo que ello implica.
Ante estos “avances” todavía no ha habido ninguna advertencia de la “medicina oficial” sobre los peligros implícitos de esta tecnología.
En síntesis, hay una actitud negadora de los funcionarios de salud pública frente al riesgo para la salud psicofísica que conlleva la aplicación de las vacunas.

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